voy hambrienta,
del hambre,
ese hambre de verte,
como desde detras de un vidrio,
o desde otra vereda.
si estiro el brazo
puedo tocarte,
pero no extiendo,
ni siquiera la mirada.
desde el decimo piso,
de mi silencio de fuego,
te veo andar calle arriba;
hace tiempo te oí decir,
que la magia existía .
tacitamente
dijimos tanto ,
y tanto
quedó varado en el aire.
ahora estaras
en los pezones de otra
trabajando tu anestesia
en los pezones de otra
que ni sospecha
( estoy segura)
todo lo que se
si en mis manos
tu cabeza
en mi pecho,
si tus manos
debilmente
enroscando mi cintura,
si en mis manos
esa fe, corrompida
esa gracia, difamada
toda esta belleza
que no te interesa
ver,
si en tus manos
mi cuerpo,
de tu boca
el hambre
saciado,
de mi sangre
tu herida
drenada.
te enconges de hombros,
como si no doliera.
vacias la copa
cerras cajones:
todo lo muerto
todo
apagas en tu piel
el fuego oscuro
el fulgor del deseo
intrinseco
del fondo
de tus ojos
ese fondo
que todavia
ve
todavia
no lame
la lengua de olvido
de la cocaina
y te llenas
de cualquier abismo
conveniente
cualquier mugre
pintoresca
que no prometa
y seguis
lamiendo sus pezones
cerrando cajones
manteniendo
prolijamente a raya
el fuego
el inutil
infantil niño
que se queja
que el cajon
le apreta las alas.
Sonreis.
y lloras, un poco,
mientras pones otro clavo.
es una pena
pero aqui
no se puede
vulnerarse.
vas ganando
el juego que inventas
lamiendo pezones
cerrando cajones
cerrando los ojos
cerrando ventanas
cerrando tus labios
sobre sus pezones
y llorando en tu pieza
cuando nadie te ve.
yo te veo.
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